Beethoven 19/08/22
Tercera Temporada
Concierto de Abono
Viernes 17 de Octubre 1947
Teatro “Lerdo”, Xalapa, Ver.
VII Sinfonía en La Mayor, Op. 92
Ludwig (Luis) van Beethoven, nació en Bonn, Alemania, el 16 de
diciembre de 1770; murió en Viena, el 26 de marzo de 1827.
“7a Sinfonía. 1812, 13 de….” Esto es todo lo que se puede leer en el manuscrito original de tan excelsa creación de Beethoven, que se encuentra ahora en la Biblioteca de Berlín. La palabra que falta es probablemente “mayo”, porque el compositor escribió por esas fechas una carta a un amigo influyente, en respuesta a la petición de una nueva obra, diciéndole: “Para el próximo concierto a beneficio de las monjitas de Santa Ursula (sic), les puedo prometer una Sinfonía completamente nueva” y el 19 de julio le informa: “La Sinfonía está completamente lista y como el Archiduque Rodolfo está pagando las copias, no les costará nada estrenarla”.
Sin duda Beethoven volvió a producir una obra maestra con esta Sinfonía, cuya primera audición se atrasó hasta el 8 de diciembre de 1813, aunque la 8a. la sinfonía la tenía ya acabada el 12 de octubre del mismo año.
Como la 5a. y la 6a. Sinfonías, Beethoven escribió la 7a. y la 8a. simultáneamente y, en excepción a su regla general, compuso estas dos en un lapso muy corto, casi sin hacer bosquejos.
La 7a. como la 5a., son monumentos erigidos a la victoria: en la 7a. es la victoria de la música dentro de la tiranía del ritmo, pues en efecto, nunca antes ni después escribió Beethoven una pieza tan dominada por el ritmo, como ha hecho en el Primer Tiempo de esta composición y como ocurre en las cinco sextas partes del “vivace”, que están escritas en el mismo ritmo persistente y algunas veces tienen más de cien compaces (sic) seguidos, insistiendo con el mismo dibujo, siendo al final de este Primer Tiempo donde abandona por un momento tal idea obsesionante, para volver a ella, en toda su gloria, al concluir dicho movimiento. Beethoven nunca volvió a escribir música tan esencialmente sinfónica, ni jamás estuvo bajo la auto disciplina tan escrita como aquí, donde con toda ostenticidad se entrega al dominio del ritmo.
Lo mismo corresponde al último Tiempo, el cual se abre en una escena de furibundo torbellino, con la incesante repetición del motivo principal, pareciendo que todas las leyes serán violadas, lo que sin duda ocurriría si continuara este Tiempo por el camino señalado: quiera decir, si la estructura toda estuviera determinada, como en el caso del Primer Tiempo, por el principio. Sin embargo, el final no es así, pues cambia totalmente, presentando una sucesión ininterrumpida de contrastes rítmicos y temáticos.
El andante es una de las maravillas del repertorio sinfónico. En la primera audición encantó al público a tal grado, que hubo necesidad de repetirlo. Su forma es la sencillez misma y al mismo tiempo se caracteriza por su originalidad inconcebible. Un tema que consta desde el principio de un ritmo quieto y agradable y de algunos desarrollos, poco a poco van transformándose en una melodía bellísima. Por su sencillez y pureza, es mejor no tratar de describirlo y dejar que cada quien goce de su simplicidad y belleza únicas.
El “scherzo” corre su curso de la manera genial, que únicamente Beethoven ha sabido desarrollar y el “trío” contrasta por su quietud y encanto que recuerdan el ambiente del movimiento lento.
No podemos olvidar la admirable introducción -la más larga que escribió Beethoven-. Es la más perfecta que se ha escrito, porque en ella está encuadernado el ambiente de toda la Sinfonía y no únicamente prepara el camino “vivace”: tiene los martillazos del último Tiempo, la quietud del segundo e introduce genialmente la persistencia del Primer Movimiento.
J.Y.L