Mendelssohn - Mozart - Sibelius - Andrée
Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847)
Obertura "Las Hébridas" (1830)
Felix Mendelssohn nació en el seno de una familia con gran tradición cultural y artística, que tenía como su principal orgullo a su abuelo, el renombrado filósofo Moses Mendelssohn. Su padre, Abraham, un banquero que abandonó el judaísmo para abrazar el luteranismo, educó a sus hijos dentro de una atmósfera de refinamiento cultural, en la que convivieron con personalidades como Alexander von Humboldt, Heinrich Heine, Friedrich Hegel y Johann Wolfgang von Goethe.
La precocidad de Mendelssohn fue evidente desde pequeño. Empezó a estudiar piano a los 6 años bajo la tutela de su madre y comenzó a componer a los 7. A los 14 dirigía su propia orquesta privada y antes de llegar a la mayoría de edad, ya había dejado un legado musical invaluable, con obras como la Primera Sinfonía (compuesta a los 15 años), el Octeto para cuerdas (a los 16) o la obertura de "El Sueño de una Noche de Verano" (a los 17). Pero no sólo fueron sus composiciones las que le dieron un lugar trascendente dentro del ámbito musical: a los 20 años reestrenó la Pasión según San Mateo, obra fundamental para el redescubrimiento de Bach en el siglo XIX. También como ejecutante rompió paradigmas al ser de los primeros pianistas en interpretar de memoria, piezas como el Konzertstück de Weber y el Concierto Emperador de Beethoven. Esto último ocurrió en su primera visita (de diez en total que realizó durante su vida) a Inglaterra y Escocia, donde también dirigió su Primera Sinfonía y fue invitado de honor de la reina Victoria y al Príncipe Alberto.
Este primer viaje a tierras insulares y particularmente Escocia, dejó una huella imborrable en su obra. Fue el punto de partida para su Sinfonía "Escocesa" y de manera decisiva, para la creación de la Obertura de "Las Hébridas". Inspirada por la visita a la isla de Staffa, Mendelssohn quedó fascinado por la legendaria Gruta de Fingal, una cueva marina formada por columnas de basalto y rematada por un techo de arcos naturales, que se asemeja a una catedral natural, donde los ecos de las olas le confieren un ambiente misterioso y evocador. Según la leyenda, en ese lugar se encontraba el castillo del mítico Fingal, gobernador del reino de Morven y padre del famoso guerrero bardo Ossian; la cueva fue descubierta en 1772 por el naturalista Sir Joseph Banks.
El compositor describe, en una carta a su hermana Fanny, su excursión a las Hébridas, lleno de asombro y estupor, agregando a la misiva una hoja pautada con los primeros esbozos de la Obertura:
"Para lograr que comprendas hasta qué punto me han afectado las Hébridas, te envío lo siguiente, que vino a mi cabeza en ese lugar"(*)
El género de la Obertura, que originalmente era concebido como una pieza introductoria que iniciaba una ópera, se transformó, gracias a Beethoven, en una obra orquestal independiente. Esto inició el camino para lo que más adelante, se conocería como el Poema Sinfónico. Sin tener un programa específico, pero sí unas claras intenciones descriptivas, el ondulante tema principal de "Las Hébridas", evoca el mar rompiendo en las escarpadas orillas. Se complementa con un segundo tema, más lírico y contemplativo, que se escucha primero en violonchelos y fagots y se retoma en la recapitulación por el clarinete, en un pasaje de introspección melancólica. La versión final de "Las Hébridas" se estrenó en Londres el 14 de mayo de 1832, y fue dedicada al rey Federico Guillermo IV de Prusia.
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Concierto para piano y orquesta no. 9 K. 271 (1777)
Sin duda, este concierto es la primera obra maestra en el género del concierto para piano (**). Compuesto por Mozart a los 21 años, fue dedicado a "Madame Jeunehomme", pianista francesa no identificada aún por la historiografía musical, aunque se supone que visitó Salzburgo en esos años; el musicólogo Michael Lorenz sugiere que más bien podría tratarse de Victoire Jenamy, hija de Jean-Georges Noverre, amigo cercano del compositor.
En lugar de la larga exposición orquestal, habitual en un concierto clásico para solista y orquesta, el primer movimiento rompe abruptamente con los esquemas tradicionales: tras oírse una fanfarria orquestal, el instrumento solista irrumpe completando la frase iniciada por la orquesta, cosa que seguro sorprendió a los auditores de su tiempo. Seguidamente, la orquesta expone sus temas de la manera tradicional. Esta solución tan drástica, no fue utilizada por Mozart nuevamente en ninguno de sus conciertos posteriores; sin embargo, sentó precedentes para compositores como Beethoven (4to. y 5to. conciertos), Brahms (2do), Mendelssohn, Liszt, Schumann, Tchaikovski y Rachmaninov donde el solista se hace presente desde el inicio de la obra. Igualmente sorpresiva es la entrada posterior del piano que no permite a la orquesta concluir por completo su exposición, iniciando con un trino agudo y continuando en un estilo discursivo que se hace presente en muchos momentos del movimiento. Las entradas posteriores del piano, después de los *tuttis* orquestales ocurren igualmente en lugares poco convencionales. Al término de la cadencia, donde el solista habitualmente ya no interviene, Mozart vuelve a sorprendernos, al presentarmos literalmente toda la frase inicial de la obra. Esta nueva sorpresa provoca una simetría inusual en un movimiento de concierto. La libertad formal de Mozart en este movimiento, no tendrá comparación en ningún otro movimiento inicial en sus conciertos.
Por su carácter resignado e incluso trágicamente desesperado, el segundo movimiento ocupa un lugar especial en la obra mozartiana, (otros ejemplos similares son los movimientos lentos de la Sinfonía Concertante para violín y viola y del Concierto para piano no. 22, K. 488). Hay también una simetría similar a la del primer movimiento, al utilizar la misma frase para iniciar y concluir este Andantino.
El tercer movimiento, con su chispeante y exuberante virtuosismo, se ajusta a los cánones propios de un "Finale". Sin embargo, la inclusión de un minueto a manera de interludio, lo convierte en algo especial y único. Posiblemente, este minueto galante “a la francesa” sea un guiño que tenga que ver con la nacionalidad de la posible inspiradora del concierto a quien está dedicado.
También sorprenden las cadencias escritas por el propio Mozart, llenas de libertades y sorpresas musicales. Ninguna cadencia posterior de las escritas por Mozart tiene una fantasía tan desbordada como las de este concierto. Mozart se llevó este Concierto a su gira por Mannheim y París (1777-1778) y siguió ejecutándolo con frecuencia en sus primeros años en Viena.
Jan Sibelius (1865-1957)
Vals Triste (1903)
Jan Sibelius es uno de los artistas más emblemáticos del nacionalismo escandinavo. Sus sinfonías y poemas sinfónicos pusieron a Finlandia en las salas de conciertos europeas a principios del siglo XX. Tal vez, sea el artista más reconocido de su país. Incluso, su efigie fue inmortalizada en los billetes de 100 marcos finlandeses hasta la llegada del euro en 2002.
Enmarcado por dos de sus obras más famosas y logradas —la Sinfonía No. 2 de 1902 y su magnífico Concierto para violín de 1904—, el Vals Triste se convirtió al mismo tiempo, en uno de los éxitos y fracasos más significativos en la vida del compositor. Éxito debido a que se transformó en su pieza más famosa y reconocida; fracaso porque Sibelius, urgido de dinero, vendió los derechos del vals a su editor finlandés Fazer & Westerlund por solo 200 marcos. El editor, al ver el éxito de la pieza, vendió sus derechos a Breitkopf & Härtel, que inmediatamente publicó el vals en todo tipo de arreglos, desde piano hasta banda militar. Si Sibelius hubiera conservado los derechos, el músico podría haber obtenido una estabilidad económica posiblemente por el resto de su vida.
El Vals Triste formaba parte de la música incidental para la obra de teatro "Kuolema" (La muerte) de Arvid Järnefelt, pero rápidamente se volvió independiente de su función original, convirtiéndose en la pieza más famosa de su autor.
Elfrida Andrée (1841-1929)
Sinfonía no. 2 en la menor (1879)
Junto a Fanny Mendelssohn, Clara Wieck y Cecil Chaminade, Elfrida Andrée pertenece a un selecto grupo de mujeres artistas que, de no haber sido por los prejuicios de su época, su vida y su obra ocuparían un capítulo especial en la historia de la música del siglo XIX. De todas las mencionadas, fue Andrée quien alcanzó la carrera artística más exitosa, destacándose por su constante lucha en favor de los derechos de la mujer.
Se convirtió en la primera mujer organista de toda Europa al ganar, compitiendo contra siete candidatos masculinos, el puesto de organista de la catedral de Gotemburgo, Suecia. Incluso, aunque la ley lo prohibía, ella y su padre debieron librar una batalla jurídica para derogar dicha restricción, permitiéndole ocupar el mencionado puesto, el cual obtuvo por unanimidad de los jurados.
Después del fracaso de su primera sinfonía, Andrée decidió estudiar instrumentación y composición con el compositor danés Niels Gade. Culminación de esos estudios, es su Sinfonía Nº 2 en la menor compuesta en 1879, aunque no fue estrenada hasta 1893. Tras el concierto de su estreno, por su condición de mujer, se le impidió salir a agradecer al público. En 1904 tuvo la oportunidad de dirigirla en Dresden, siendo, quizá, la primera vez que una mujer interpretara música desde el podio de un director.
A diferencia de los compositores escandinavos de su tiempo, la sinfonía de Andrée se aleja por completo de la tendencia nacionalista, aproximándose al lenguaje del temprano Romanticismo alemán. Su diáfana escritura orquestal, recuerda a Mendelssohn, mientras que en el tratamiento de los instrumentos de aliento, se nota la influencia de las obras orquestales de su maestro, Niels Gade.
Elfrida Andrée resume su constante lucha en las siguientes palabras:
"¿Cuántas veces no he sentido resentimiento al leer o escuchar, de forma sincera, que no se pueden mencionar nombres femeninos en lo que concierne a la composición musical seria?... ¡Ahora, ese es el comienzo que deseo! Sería más fácil arrancar un pedazo de la roca que arrancarme mi ideal: ¡la elevación de la mujer!"
Mtro. Leonardo del Castillo
Universidad Veracruzana / ISMEV
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Bibliografía:
Stevenson, R.?L.
Mendelssohn: A Life in Music. Oxford: Clarendon Press, 1974
(*) Todd, R Larry
Fanny Hensel: the other Mendelssohn
Oxford University Press, 2010
(**) Rosen, Charles
El estilo clásico: Haydn, Mozart y Beethoven
Alianza Editorial, 2015
Zaslaw, Neal
Mozart's Piano Concertos.
Text, Context, Interpretation
The University of Michigan Press, 1996
Grimley, Daniel M
Jan Sibelius. Vida, música y silencio.
Alianza Editorial, 2024.
Sobre Elfrida Andrée:
https://www.melomanodigital.com/elfrida-andree-la-elevacion-de-la-mujer/
https://www.historiadelasinfonia.es/naciones/la-sinfonia-en-suecia/la-sinfonia-en-el-siglo-xix/andree/
