Sonidos de Resistencia: Épica y Mística
Alejandra Monserrat Rodríguez Hernández | Xalapa
Nov. 28- TEMPO. 1 2025
La vigilia de toda la noche, Op. 37 (Selecciones)
Sergei Rachmaninov
Duración aproximada. 20 minutos
Estrenada el 10 de marzo de 1915
Esta obra nace en un mundo que se resquebraja: Rusia está en la Primera Guerra Mundial, el zarismo a punto del colapso y el pueblo que oscila entre el cansancio, el presentimiento de tiempos complicados y la fe. En medio de esta vorágine, Rachmaninov voltea hacia lo más profundo de la tradición: la liturgia ortodoxa.
La obra surge en el llamado Renacimiento del canto coral ruso, donde se busca recuperar el viejo estilo monódico y los cantos Znamenny, cantos muy antiguos de la Iglesia Ortodoxa. Estos cantos son re imaginados por Rachmaninov y los convierte en una gigantesca obra a capella: tradición, pero al puro estilo romántico tardío, una mezcla entre lo antiguo y lo que está por desaparecer.
El país está sumido en un desgaste emocional profundo. La muerte, el hambre y la incertidumbre llevan al pueblo a la búsqueda y esperanza en lo espiritual. Estas piezas se sienten como un refugio, una colectividad respirando al unísono, buscando el consuelo en aquello que permanece firme: la fe.
Contradictoriamente, esta obra nace al borde de un régimen que prohibiría toda manifestación religiosa al estallar la Revolución Rusa de 1917, siendo una despedida luminosa antes del silencio impuesto. En un país que estaba dejando de creer, esa belleza en medio del derrumbe es lo que la vuelve tan poderosa, tan eterna.
Cantata, Alexander Nevsky,Op. 78
Sergei Prokofiev
Duración aproximada: 40 minutos
Estrenada en Moscú, en el teatro Bolshoi, el 23 de noviembre de 1938.
Catalogada como hija legítima del estalinismo, la cantata narra las hazañas de Alexander Nevsky, príncipe de Nóvgorod, quien derrotó a los caballeros teutónicos en el lago Peipus en 1242.
Esta obra, compuesta para la película de Eisenstein —un encargo de Stalin—, busca forjar una identidad heroica y unificada. Ante la amenaza creciente del nazismo, el régimen necesitaba héroes, y el santo príncipe medieval que derrota a invasores occidentales era perfecto para encender el orgullo nacional.
Prokofiev, artista sofisticado y nada ingenuo, aprovechó esta oportunidad para obtener prestigio y mantener una relación favorable con un régimen siempre vigilante.
La sociedad vivía entre el miedo, el juicio y la censura, y a la vez estaba frente a una maquinaria cultural que empujaba al pueblo hacia una unidad patriótica. La obra encaja perfectamente en esta visión: villanos extranjeros, héroes rusos y coros que funcionan como metáfora del pueblo llamado a las filas. Fue bien recibida porque ofrecía un héroe que encarnaba esperanza y certidumbre.
La partitura de Prokofiev combina tradición y modernidad, incorporando elementos del folclor ruso, la magna música coral ortodoxa —despojada de su carácter religioso— y una orquestación cinematográfica vibrante.
Crédito:
Mtra. Alejandra Monserrat Rodríguez Hernández, Coro UV,
Universidad Veracruzana
