Mahler

Cristina Marín Ramírez | Tlaqná
ABR. 17/19 - TEMPO. 1 2026

Sinfonía n.º 2 en Do menor. Resurrección de Gustav Mahler

Escrita por el compositor y director de orquesta austrobohemio Gustav Malher (1860-1911), esta sinfonía de una duración aproximada de una hora y media es también conocida con el nombre de Resurrección. Se conforma de cinco movimientos. Los tres primeros, solamente orquestales, fueron estrenados el 4 de marzo de 1895, mientras que la primera audición completa de la sinfonía, tal como la conocemos, tuvo lugar en Berlín el 13 de diciembre del mismo año.

La historia de su composición se despliega sobre un periodo de seis años (quizás más) entre 1888 y 1894, según el musicólogo Marc Vignal. En Kassel (Alemania), en 1888, mismo año en que terminó su primera sinfonía Titán, Mahler concluyó una gran pieza orquestal en Do menor titulada Totenfeier (“Ceremonia fúnebre”) que no retomó sino hasta el verano de 1893. Durante esta misma temporada, completó también un Andante en La bemol mayor, esbozado desde 1880, así como un Scherzo en Do menor, basado en un canto popular titulado El sermón a los peces de Antonio de Padua recolectado en la antología Des Knaben Wunderhorn. Alte deutsche Lieder (“El corno mágico del muchacho. Antiguas canciones alemanas”) realizada por Clemens Brentano y Achim von Arnim y publicada a inicios del siglo XIX. En ese mismo verano, Mahler compuso varios Lieder —puesta en música de una poesía en lengua alemana para voz y acompañamiento instrumental, generalmente piano— sobre textos del mismo libro, entre los cuales quizás estaría el futuro cuarto movimiento.

El lector podrá reconocer las piezas anteriormente mencionadas en los primeros cuatro movimientos de la sinfonía que nos preparamos a escuchar:  un primer movimiento de carácter fúnebre debido a su título inicial, un segundo movimiento lento, un tercero scherzo con carácter más jocoso y un cuarto que pone un poema en música para alto (voz femenina con registro grave) y orquesta a la manera de un Lied. Sin embargo, la organización definitiva de la obra no se completó sino hasta el año siguiente. La defunción del director alemán Hans von Bülow en febrero de 1894 llevó a Mahler a poner en música el poema Resurrección del poeta Friedrich Gottlieb Klopstock. Así, entre el verano y el invierno de ese mismo año, el compositor escribió el quinto y último movimiento para voces de soprano y alto, un coro mixto y orquesta, dando así la versión definitiva de la sinfonía.

El primer movimiento se caracteriza por la profusión de sus elementos melódicos que parecen a la vez tener una identidad propia y responderse entre sí. Se alternan explosiones orquestales en tutti (toda la orquesta sonando al mismo tiempo) con pasajes de música de cámara (por el uso de pocos instrumentos), tempos contenidos y apresurados. Desde el inicio, un gesto rápido y característico en las cuerdas graves (contrabajos y violonchelos), apoyado de manera puntual por los fagotes y el contrafagot, se impone como un elemento estructurante que reaparece tres veces a lo largo del movimiento, siendo así un referente auditivo. En su primera aparición, este gesto —entrecortado por silencios dramáticos— se despliega sobre un trémolo de una sección de los violines y las violas.  El trémolo consiste, en este caso, en repetir una misma nota rápidamente. Más adelante, este mismo gesto se transforma en acompañamiento de los oboes y del corno inglés (un oboe un poco más grave). Ellos parecen proponer una nueva melodía que retoma no obstante, dentro de sí, elementos de los graves que acabamos de comentar. Es como si un motivo musical (un fragmento de melodía) se presentara de diferentes maneras: distribuido sucesivamente entre varios instrumentos, integrando otras melodías o presentándose de manera aislada. En este movimiento, entre la tercera y la cuarta intervención de este gesto de los graves que describíamos, se presentan de manera fragmentada, melodías que se volverán a escuchar en el último movimiento.

El segundo movimiento “Andante moderato. Muy pausado” contrasta, sin duda, con las descargas orquestales del anterior. Su organización alterna dos momentos diferenciados —A y B— con sus propias melodías y acompañamientos. Tenemos así la siguiente organización: ABABA. El momento A se caracteriza por el protagonismo casi exclusivo de las cuerdas, que presentan una melodía de carácter “gracioso”, tal como indica la partitura. En su segunda aparición, esta melodía se enriquece con un contracanto expuesto por los violonchelos. Un contracanto es una melodía secundaria que se superpone a la principal. En la tercera presentación, las cuerdas entran en pizzicato (pulsar las cuerdas con los dedos, en lugar de frotar con el arco), mientras que toda la orquesta, en particular las maderas, apoyan y doblan las cuerdas para la presentación de la melodía. El momento B introduce un contraste: las cuerdas pasan a un papel de acompañamiento, mientras que las melodías se encuentran entre las maderas. Si en la primera aparición de B, se mantiene la indicación “muy cómodo”, la segunda se transforma notablemente con la indicación “enérgico, con agitación”, generando una tensión que rompe la tranquilidad inicial del movimiento.

El tercer movimiento “En un movimiento tranquilo y fluido”, se abre con los timbales solos. A partir de allí, se despliega una “línea infinita” de semicorcheas, que parece circular de un instrumento a otro. Según el momento, esta línea continua pasa al primer plano y dibuja una melodía, o bien, otras veces acompaña a otra. Así, sobre esta “línea infinita”, aparecen melodías características: la que tocan juntos el piccolo, el clarinete y el fagot en staccato (notas picadas) que es un poco jocosa y que regresará tres veces a lo largo del movimiento; una melodía más pastoral del oboe, que retorna dos veces; y la fanfarria de trompetas y cornos, marcada “Adelante” en la partitura, que irrumpe de forma estruendosa y vuelve una segunda vez con mayor intensidad hacia el final del movimiento, reforzada por las maderas. Por supuesto, estos calificativos son personales e invitamos a cada auditor a imaginar los suyos y ejercer su imaginación y asociaciones.

El cuarto movimiento es el más corto de la sinfonía y fue compuesto según el principio del durchkomponiert o composición continua, es decir, sin elementos que parecen regresar al oído. Más bien, la música está en constante transformación y está organizada alrededor de los versos del poema. Cada verso —o grupo de versos— recibe un tratamiento propio en términos de acompañamiento, línea melódica y armonía. La voz alterna con breves interludios instrumentales. En el poema, se afirma la aspiración del Hombre, criatura de Dios, a una vida eterna y liberada del sufrimiento terrenal, frente a una instancia —figurada como un ángel— que parece interponerse en ese camino. Dejamos al lector el poema, con las agrupaciones de versos propuestas por Mahler y la indicación de las intervenciones instrumentales que las articulan:

¡Oh pequeña rosa roja! [coral de los metales]

¡El Hombre yace en la mayor angustia! //¡El Hombre yace en la mayor pena! //Cuanto más quisiera estar en el cielo.  [solo de oboe]

Entonces llegué a un camino ancho: [solo de violín]

entonces vino un pequeño ángel y quiso negarme el paso.  [solo corto de violín]

¡Ah, no! ¡No permití que me apartaran!  [solo corto de los dos oboes]

¡Soy de Dios y quiero volver a Dios! //El buen Dios me dará una pequeña luz, //¡iluminará mi camino hasta la vida eterna y dichosa!

El quinto movimiento es el de la desmedida. Es el más extenso de los cinco y, por sí solo, supera en duración a muchas sinfonías que se componían un siglo atrás. Es también el que emplea mayor número de instrumentos: cuatro flautas, cuatro oboes, cinco clarinetes, cuatro fagotes y, sobre todo, una sección de metales desbordante —diez cornos, diez trompetas, cuatro trombones y una tuba—, además de siete percusionistas, arpa, órgano, la sección de cuerdas, un coro imponente capaz de abarcar desde los registros más graves hasta los más agudos, y dos solistas (soprano y alto, esta última ya escuchada en el cuarto movimiento). A este instrumentarium ya monumental se añade un efecto espacial: parte de los cornos y las trompetas tocan desde fuera de la escena —en camerinos u otros espacios de la sala— antes de reintegrarse discretamente a la orquesta, tal como indica la partitura. Así, si el movimiento se abre de manera estrepitosa, no hay una masa sonora constante. Al contrario, se encuentran muchos constrastes: pasajes de gran densidad alternan con otros de una textura casi evanescente, donde intervienen pocos instrumentos o incluso las voces a cappella (sin acompañamiento instrumental) al inicio de su intervención.

En este movimiento, se suceden dos poemas: Aufersteh’n (“Resurrección”), de Friedrich Gottlieb Klopstock y un segundo, que parece complementarlo, escrito por el propio Mahler. Ambos se distribuyen entre el coro y las dos solistas, alternándose o combinándose. Sin embargo, habrá que esperar antes de escuchar a los cantantes: una extensa introducción orquestal —que retoma y transforma motivos ya señalados en el primer movimiento— precede la entrada del coro que retoma estos mismos motivos.

A continuación, disponemos el texto de este movimiento que reúne los dos poemas con su distribución y que esperamos haga soñar y entusiasmar al lector para la experiencia sinfónica y coral que nos alistamos a escuchar:

[coro a cappella y soprano]: ¡Resucitarás, sí, resucitarás tú, //mi tierra, tras breve reposo! //¡Vida inmortal! ¡Vida inmortal //quiere darte Aquel que te llamó! [fanfarrias de la orquesta]

[coro a cappella y soprano]: ¡Volverás a florecer, has sido sembrado! //El Señor de la cosecha pasa //y recoge los manojos de trigo, //¡a nosotros, que morimos!

[Alto con orquesta, empieza el poema de Mahler]: Oh cree, corazón mío, oh cree, //¡nada de lo tuyo se pierde! //Tuyo es, sí tuyo, lo que anhelaste, //tuyo lo que amaste, //¡por lo que luchaste!

[Soprano con orquesta]: Oh cree, //¡no naciste en vano! //No viviste en vano, //¡ni sufriste en vano!

[Alto y coro en parte a cappella]: Lo que ha surgido, // ¡debe perecer!// Lo que ha pasado, ¡resucitará! //¡Deja de temblar! //¡Prepárate para vivir!

[Soprano y alto]: ¡Oh dolor! ¡Tú que todo lo atraviesas! //¡De ti me he liberado! //¡Oh muerte! ¡Tú que todo lo vences! //¡Ahora estás vencida!

[Coro con orquesta, gran crescendo]: Con alas que yo mismo me he ganado //en ardiente afán de amor, //me elevaré volando //hacia la luz, a la que ningún ojo ha llegado. //¡Moriré para vivir! //¡Resucitarás, sí, resucitarás tú, //corazón mío, en un instante! //Aquello por lo que has latido //¡te llevará hacia Dios!

 

Cristina Marín y Valentin Nierenberger