Ravel - Saint-Saëns - Tchaikovsky
Ravel y amistades que inspiran
El compositor de ascendencia franco-vasca demostró su interés en la música desde temprana edad. A los seis años, comenzó a tomar clases de piano con Henri Ghys. Sin embargo, algo que siempre le caracterizó fue su desdén por el estudio, tanto que su padre le ofrecía propinas para lograr que se sentara frente al piano a estudiar, a pesar de esto, se hablaba del joven Ravel como alguien con un gran sentido musical. Seguramente, esto le causó problemas durante sus años en el Conservatorio de París, donde provocó revuelos debido a las reglas musicales que rompía. Ravel asistió durante dos periodos al conservatorio: en el primero como estudiante de piano, fue expulsado en 1895; y en el segundo como estudiante de composición, el cual él mismo decidió finalizar.
Pero había otro lado de Ravel: el perfeccionista, el que soñaba con rendir homenaje a la música con una técnica pianística impecable y unas composiciones excelentes. Gracias a ello, su amigo Stravinsky lo apodó el «relojero suizo». Pese a su búsqueda de perfección, Ravel sabía que sus habilidades pianísticas no eran las mejores, por ello, solía pedirle a su amigo y pianista español Ricardo Viñes que estrenara muchas de sus piezas, pues requerían un alto control técnico del instrumento.
Hablando de sus amistades, Ravel fue miembro de Los Apaches —sociedad artística formada en 1903— junto con los compositores Manuel de Falla y Stravinsky, el pianista Ricardo Viñes, el pintor —y anfitrión de muchas reuniones— Paul Sordes, y el escritor y crítico musical Michel-Dimitri Calvocoressi. El nombre del grupo se estableció como una burla a la academia, contradiciendo la idea de que el arte debe ser únicamente bello y delicado. Buscaban llamar la atención con aquel nombre que, además, hacía recordar a las agrupaciones de vándalos de nombre homónimo que causaban revuelo en la capital francesa.
Une barque sur l’océan forma parte de la suite para piano solo Miroirs (Espejos, o más bien, Reflejos), estrenada en 1906 por Viñes. La suite está compuesta por cinco piezas, cada una de ellas evoca la personalidad de algunos de los miembros de Los Apaches:
I. Noctuelles (Polillas): dedicada al escritor Léon-Paul Fargue.
II. Oiseaux tristes (Pájaros tristes): a Ricardo Viñes.
III. Une barque sur l’océan (Una barca en el océano): a Paul Sordes.
IV. Alborada del gracioso (sí, con el título en español): a Michel-Di- mitri Calvocoressi.
V. La vallée des cloches (El valle de las campanas): a Maurice Dela- ge, el primer alumno de Ravel.
Debido a la buena recepción de la obra, la tercera y la cuarta piezas fueron orquestadas por Ravel en 1906. El compositor buscaba lograr esa perfección sonora que había imaginado, con los timbres y sensaciones que una orquesta puede ofrecer. La quinta pieza fue orquestada por Percy Grainger y Ernesto Halffter. En esta ocasión, escucharemos a la tercera pieza de la suite. Se cree que Ravel se inspiró a crear esta obra durante su viaje en yate a Holanda, en el que pudo admirar los paisajes que pintaba la naturaleza, retándose a crear el mismo paisaje para los oídos de quien escuche la obra.
Camille Saint-Saëns y el romanticismo
Prodigio de la música, su primer contacto con el piano fue a los dos años, después de esto nunca se detuvo. Comenzó a estudiar las obras de Mozart, Beethoven y Bach, y a analizar óperas de Mozart y Wagner para así poder crear sus propias composiciones. Durante sus años como estudiante del Conservatorio de París, trabajó como organista en la Iglesia de Saint-Merry y en la Iglesia de la Madeleine, trabajo que mantuvo durante veinte años, esto le abrió puertas a relaciones sociales, viajes y trabajo. También colaboró como editor en las nuevas ediciones de Gluck, Mozart, Beethoven y Liszt. Como buen compositor del periodo romántico, estuvo en contacto con muchos otros artes y artistas: compositores como Franz Liszt, quien fue amigo suyo, Bizet, Rossini, Berlioz; los pintores Georges Clairin y Henri Régnault; y el médico y poeta Henri Cazalis, quien escribió las estrofas de la Danza Macabra.
El Concierto n.º 2 para piano y orquesta fue compuesto por el músico francés en 1868 a petición del pianista y director de orquesta Antón Rubinstein, quien le mencionó que jamás había podido presentarse en ninguna sala parisina y que le encantaría hacerlo con una de sus piezas. Camille aceptó, pero quiso hacer de este evento un reto: propuso presentarse él mismo como solista y al músico ruso como director de orquesta, con una obra nueva especialmente creada para la ocasión. ¿El reto? Tendrían solamente tres semanas para crear y estudiar la pieza, y lograr que el concierto se llevara a cabo de la mejor manera posible. ¿La consecuencia? Debido al poco tiempo de preparación, la presentación no fue brillante, lo cual les costó la crítica del público.
Sin embargo, la obra se redimió con el tiempo, logrando convertirse en una de las piezas más valoradas del compositor hasta el día de hoy. Se trata de una obra que, a simple vista, cumple con las costumbres académicas: conformada por tres movimientos. El primero, serio y sombrío, la carta de presentación. El segundo es sin duda el más alegre, aunque aquí ya hay contradicciones a la tradición, pues los segundos movimientos suelen ser lentos. Y el tercer movimiento, que funge como una combinación entre los anteriores, es oscuro, pero enérgico, casi furioso. Una característica del periodo romántico musical es la libertad de estructuras, armonías, tempos. Todo esto sucede en el segundo concierto para piano del compositor francés.
El concierto inicia sin una introducción de la orquesta, como era común anteriormente, sino por el piano: arpegios menores que simulan una pelea, no necesariamente física, quizá una lucha interna. Finalmente, la orquesta intensifica el ambiente, aunque no por mucho tiempo, pues segundos después escucharemos un tema muy bello que es cantado por el piano y posteriormente imitado por la orquesta. Como muchos primeros movimientos, este presenta dos temas principales: uno serio, otro más dulce, casi onírico.
El segundo movimiento presenta un ambiente más ligero y juguetón. Hablando del piano esa es la dificultad: cambiar de un estado de ánimo a otro. Primero, mentalmente, después, físicamente. El primer movimiento requiere de una acción de los dedos firme y con suficiente peso, para lograr un ambiente ceremonial y un sonido que retumbe. Por otro lado, el segundo movimiento exige ser tocado de la forma más ligera posible, oprimir las teclas del piano con poco peso y con suficiente rapidez para ejecutar la música adecuadamente.
El concierto cierra en presto, con notas rápidas que buscan crear un ambiente tenso y frenético. Después de la presentación del tema principal del movimiento, podremos ver a la pianista mover rápidamente sus manos de un extremo a otro del piano, pues hay muchos saltos de registro en la obra. En la misma sección escucharemos muchos trinos, es decir, dos o tres notas que se alternan repetidamente, simulando el trinar de las aves. Los trinos, exigen al intérprete un movimiento ágil de los dedos: rápido, ligero, fugaz. En fin, es un movimiento lleno de acción, cambios armónicos, cromatismos, cambios de registro y técnicas de interpretación distintas para lograr los efectos que el compositor deseaba.
Una sinfonía acerca del fin
El comienzo de la carrera musical de Piotr Ilich Tchaikovsky quizá pueda recordarnos a la situación de algunos estudiantes de música de la actualidad. Comenzó a estudiar música a los cinco años, al principio sus papás lo apoyaban, pues demostraba una gran habilidad. Sin embargo, la meta de los padres era que Piotr estudiara en la Escuela Imperial de Jurisprudencia, para que fuera funcionario y trabajara en el Ministerio de Justicia. El joven compositor respondió a los deseos de sus padres, asistiendo a la institución educativa durante nueve años y, posteriormente, consiguiendo el empleo soñado por sus padres. Los primeros veintitrés años de vida del músico fueron un constante cuestionamiento entre cumplir el deseo de sus padres o lanzarse a una incierta carrera musical.
Mientras asistía a la Escuela Imperial de Jurisprudencia, Piotr acudía frecuentemente a conciertos de orquesta y óperas, en los que se presentaban obras de compositores inmortales occidentales como Beethoven, Mozart, Rossini… Su oído se fue «europeizando», pues casi no estaba en contacto con las corrientes vanguardistas de su país. Ocasionalmente, Piotr tomaba clases de música con el fabricante de pianos Franz Becker, quien asistía a la Escuela Imperial de vez en cuando como maestro visitante. Tiempo después, mientras aún estudiaba en la Escuela Imperial, convenció a su padre de tomar clases extracurriculares de piano con el maestro Rudolph Kündinger, quien, por cierto, no esperaba que su alumno tuviera éxito en la música.
Finalmente, se graduó de la Escuela y comenzó a trabajar como funcionario durante cuatro años, simultáneamente asistía a clases de teoría musical impartidas por la Sociedad Musical Rusa. Posteriormente, ingresó al Conservatorio de San Petersburgo. Ahí estudió teoría musical con Nikolai Zaremba y composición con Antón Rubinstein —quien estrenó junto a Saint-Saëns el Concierto para piano y orquesta n.º 2—. A pesar de esto, Tchaikovsky aún no estaba seguro de que le deparaba una buena carrera musical, que le permitiera sobrevivir siendo músico, por lo tanto, no podía liberarse de su trabajo de funcionario. Fue hasta 1863 que dejó su primer trabajo para dedicarse a tiempo completo a la música.
Ahora bien, se sabe que el compositor sufrió mucho durante su vida. Quizá por la pérdida de su madre a los doce años, la opresión del estado, o sus matrimonios emocionalmente complicados, de cualquier forma, el compositor es famoso por haber sido una persona triste y distante. Vivió muchos años con miedo a ser difamado por su primera esposa, pues, debido a su orientación sexual, el matrimonio inevitablemente fracasó. Debido a esto el compositor elegía deliberadamente reducir el contacto con otras personas. Recapitulando: primero se «escondió» de ser músico, después hizo lo mismo para proteger el secreto de su orientación sexual.
La pieza que estamos por escuchar es un reflejo de la personalidad del compositor durante sus últimos años de vida, él mismo escribe en sus cartas acerca de envejecer y rendir menos en el trabajo. Nos recuerda a Mozart y la composición del Réquiem, ambos músicos se encontraban en su lecho de muerte durante la creación de ambas obras. El primer movimiento tiene aires de la 5.ª Sinfonía de Beethoven, con un motivo principal en la primera parte del movimiento: tres notas cortas, seguidas de una más larga; aunque con diferencias importantes en las intenciones musicales de cada composición. El final, hace reminiscencia a la Sinfonía n.º 45 «Las despedidas» de Haydn, pues ambos músicos buscan lograr el efecto de una orquesta que «se apaga».
Patética, pero no en el sentido actual, sino en el sentido antiguo griego: la raíz de la palabra, pathos, se refiere a algo relativo al sufrimiento y el dolor; path?tikos, define a alguien capaz de sentir profundamente, alguien apasionado. Entendamos esta obra como una creación entrañable, que expresa un dolor muy fuerte, tristeza, melancolía. Patética, en el mismo sentido de la sonata para piano op. 13 n.º 8 de Beethoven, una obra que trata temas emocionales serios: quizá acerca de la muerte, del fin de una relación, de una despedida, algo que termina para siempre. En el caso de la Sexta sinfonía, quizá fue una confesión: la muerte del compositor se acercaba. En una carta, el compositor escribió:
«Creo que me será dado escribir una sinfonía ejemplar: probablemente lucharé hasta el último suspiro por alcanzar la perfección sin lograrlo nunca» (1891).
En otra carta a su hermano, le confesó que lloró mucho durante el proceso de composición de la obra: no solo es una obra dolorosa de escuchar, también lo fue al momento de su creación. No se sabe a ciencia cierta si el músico decidió quitarse la vida, o si la causa de su muerte fue el cólera. Lo que no me queda duda, es que él tenía certeza de que su momento final se aproximaba. Y así fue, Tchaikovsky murió nueve días después de dirigir por primera vez en la historia esta sinfonía.
Lic. Daniela Marinero Castrejón,
Facultad de Música UV, Facultad de Letras Españolas UV.
