OSX - Mariachi UV

Adolfo Estrada | Tlaqná
SEP. 12 - TEMPO. 2 2026

El mariachi académico y su desarrollo binacional
3.er Encuentro de Grandes Maestros de Mariachi
Universidad Veracruzana · Xalapa, 2026

El mariachi es una de las tradiciones musicales que, a través de un desarrollo complejo desde sus orígenes decimonónicos —de una práctica rural a otra anclada en los centros urbanos—, ha llegado a ser reconocida en todo el mundo como icono del país del que emanó. Esa misma trayectoria lo ha arraigado en distintas regiones de la República Mexicana y en el extranjero. Su historia es testimonio de la flexibilidad de su dotación instrumental y de las respuestas creativas de sus ejecutantes. A lo largo de esta transformación, a ambos lados de la frontera, una constante permanece: su funcionamiento como música que acompaña las facetas más importantes de nuestras vidas —el bautizo y la boda, la serenata y el velorio, la fiesta cívica y la despedida— y en cada sitio donde germina y se nutre, el mariachi nos revela simultáneamente el legado de sus antecedentes y el de las comunidades que hoy lo cultivan.

El sitio inicial de su germinación académica en los Estados Unidos fue la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), como clase de ensamble en el Instituto de Etnomusicología, bajo la dirección de su fundador, Mantle Hood. La primera clase de mariachi se impartió en el primer semestre de 1961, junto con otras clases de ballet folklórico, trío huasteco y grupo de son jarocho. Es importante agregar que, entre las personas matriculadas en aquel primer curso, no se contó con la presencia de ninguna persona hispana ni de ascendencia mexicana. Lo que resultó de esos primeros años del mariachi académico en UCLA fue que la tradición despertó un interés notable entre quienes no provenían de esa ascendencia para conocerla y tocarla a través de estas artes folclóricas.

 

«El primer concierto del ensemble de mariachi del Instituto de Etnomusicología en 1962»
1962, UCLA - [UCLA Enthomusicology Archives]
 

Pocos años después, junto con el movimiento chicano, el mariachi y el ballet folklórico alcanzaron una difusión masiva en la región suroeste del país. Ese impulso se concretó con la incorporación del mariachi a las escuelas públicas —en 1970, en la preparatoria Lanier de San Antonio, Texas— y culminó en 1979 con la inauguración, en esa misma ciudad, de la primera Conferencia Internacional de Mariachi. El Mariachi Vargas de Tecalitlán sirvió como el grupo que encabezó los talleres, conciertos y competencias.

 

«Belle San Miguel con el Mariachi Vargas de Tecalitlán durante el 4.º encuentro internacional de Mariachi en San Antonio, Texas,1982»
1982_BelleSanMiguel - [Colección personal de Anthony Medrano]

 

Para dimensionar este proceso, resultan útiles dos comparaciones: la primera sitúa el desarrollo académico del mariachi frente al modelo de la tradición jazzística; la segunda lo considera como música internacional, con su mayor concentración en los Estados Unidos. Conviene tomar como punto de partida la incorporación del jazz a las ramas de estudio universitarias estadounidenses a mediados del siglo pasado, así como el fenómeno de la inclusión reciente del mariachi en programas académicos. Podría decirse que esa incorporación tuvo tres consecuencias. La primera fue la legitimación del jazz como símbolo musical de los Estados Unidos. La segunda fue que el jazz encontró, en el encuentro entre académicos y ejecutantes, las condiciones para generar una práctica y un estilo nuevos dentro del mismo género. La tercera fue la formación de un cuerpo pedagógico común —métodos, arreglos y criterios compartidos— que permitió enseñar la tradición de manera sistemática de una institución a otra. Las dos primeras son precisamente lo que hoy observamos en el mariachi académico en los Estados Unidos; la tercera sigue pendiente.

En ambos casos se hace visible que, en el siglo pasado, el mariachi se amalgamó con su país de origen hasta volverse, en palabras del antropólogo Jesús Jáuregui, el «símbolo musical de México» (2007). El mariachi en las esferas académicas de los Estados Unidos aún no presenta esa unidad pedagógica ni investigativa. Lo que se ha necesitado es un cuerpo compartido de materiales, criterios y espacios de discusión que permita que el trabajo de cada programa se sostenga en el de los demás. A partir de los contrastes mencionados, se puede constatar que el mariachi académico aún está en su infancia como rama y disciplina. La comparación, sin embargo, tiene sus límites: los programas de jazz se consolidaron con rapidez porque el jazz era el objeto de estudio propio de los académicos angloestadounidenses, mientras que el mariachi ha tenido que abrirse camino desde los márgenes de la academia y, con frecuencia, gracias al empuje de los alumnos que han iniciado la creación de estas agrupaciones en sus instituciones y en las comunidades que las sostienen.

 

«El presidente estadounidense,  Barack Obama, escucha a «Mariachi Aztlán» de la Universidad de Texas Panamericana antes de firmar la Orden Ejecutiva para la Iniciativa de la Casa Blanca sobre la Excelencia Educativa para los Hispanoamericanos, en la Casa Blanca, el 19 de octubre de 2010.»
2010_ObamaAztlan - [Foto oficial de la Casa Blanca por Pete Souza]

 

No obstante, lo que estamos presenciando esta semana es la creación de una nueva etapa en la historia del mariachi: la de la colaboración internacional entre los programas académicos de México y de los Estados Unidos. Gracias a la visión del maestro Iván Velasco, se reúnen las instituciones de la Universidad Veracruzana (Xalapa), con la presencia del maestro Josué Eduardo López, de la University of North Texas, en Denton, y con el apoyo de los maestros Jesús «Chuy» Guzmán, de UCLA, y del legado de su Mariachi Los Camperos. Sumando previamente a los hermanos Fernando y Marco Antonio de Santiago del Mariachi Juvenil Tecalitlán, CDMX, y al maestro José Hernández, fundador del Mariachi Sol de México-Los Ángeles, California, el 3.er Encuentro de Grandes Maestros de Mariachi abre un campo fértil para el desarrollo tanto artístico como intelectual de esta tradición. El programa de esta noche lleva las huellas de los logros de ambos lados de nuestras fronteras: dos corrientes tan semejantes que, tras un largo trayecto de diálogo binacional, se unen aquí en Xalapa. En lo personal, humildemente, me sumo a los logros de la comunidad académica del mariachi y he tenido la gran dicha de contar con estos maestros como consejeros y guías a lo largo de mi vida y el gran honor de sumarme a ellos.

 

Adolfo Estrada, PhD., Facultad de Música,
Tarleton State University, Stephenville, Texas